El acné, es una enfermedad cutánea de curso crónico, aunque suele ser autolimitado en el tiempo. Aparece principal pero no exclusivamente en gente joven y afecta a zonas de piel ricas en glándulas sebáceas, tales como la cara, el pecho y la parte superior de la espalda.
Las lesiones características del acné son los comedones, que pueden ser abiertos (espinillas o puntos negros) o cerrados (puntos blancos). Con el tiempo, y dependiendo de la intensidad del acné, pueden aparecer otro tipo de lesiones además de los comedones, como por ejemplo pápulas o pústulas, y llegar a formarse grandes lesiones quísticas, las cuales, además de la alteración cosmética que dejan -cicatriz-, pueden llegar a ser motivo de ingreso hospitalario.
El acné, aparece habitualmente en torno a la pubertad, cuando se produce un aumento en la producción de hormonas sexuales. Dentro de estas hormonas, son los andrógenos los principales responsables del desarrollo de todo el proceso. Los andrógenos estimulan la producción de sebo por las glándulas sebáceas, con la consecuente hipertrofia de éstas.
El sebo producido se acumula en el folículo pilosebáceo y, junto a bacterias existentes en el folículo ( Propionibasterium acnes y otras ), y al acumulo de células queratinizadas descamadas, termina por formar el microcomedón, que es el punto de partida de todas las lesiones del acné.
El acné vulgar, es una enfermedad típica de la adolescencia y suele desaparecer, en ocasiones espontáneamente, hacia el final del desarrollo, en torno a los 22 o 25 años de edad, pero otras formas de acné pueden aparecer más tardíamente, e incluso persistir hasta la tercera o cuarta décadas de la vida. Es más frecuente en la raza blanca que en la negra y en la oriental.
Es bien conocido que el acné puede tener muy diferente causas, y que pueden aparecer varias en la misma persona. Pueden existir causas genéticas que predispongan a unas determinadas personas a padecer acné.
Además de las causas genéricas, y más conocidas que éstas, existen otros factores que favorecen el desarrollo del acné, tales como los dietéticos. La ingesta de alimentos ricos en grasas empeora e incluso puede desencadenar la aparición de lesiones cutáneas. También se sabe que existen determinados medicamentos que aumentan el riesgo de padecer acné. El estrés es un desencadenante claro de la enfermedad en muchas personas. Los cosméticos son otras de las causas, bien porque su composición no es la más adecuada (muy ricos en grasas, la textura es inadecuada..).
Existe un acné de origen hormonal, predominantemente en el sexo femenino. Muchas chicas afirman que su acné empeora durante la menstruación. Este tipo de acné puede necesitar un tratamiento prolongado e incluso indefinido.
No está claro el papel del sol en el acné. Aunque muchas personas manifiestan una mejoría en el verano y un empeoramiento de las lesiones fuera de él (esto se explica porque el sol produce una disminución de la secreción de sebo), se sabe que el sol provoca un aumento de la queratinización, uno de los factores etiológicos del acné.
Del mismo modo, los cosméticos son controvertidos. Tengo por costumbre recomendar no abusar del maquillaje, tanto en cantidad como en días de aplicación. Los cosméticos grasos o aplicables de forma incorrecta pueden provocar la aparición de acné. Por fortuna están aumentando en el mercado los productos oil-free (sin grasa) que disminuyen mucho los riesgos de los cosméticos tradicionales. Hay que tener en cuenta que el maquillaje puede ser necesario para ocultar marcas y cicatrices producidas por el acné, por lo que hay que ser cuidadoso en la evaluación de cada persona a la hora de hacer una recomendación de uso.
Siguiendo con lo expuesto previamente, el acné causa en muchas personas, además de las lesiones físicas, una gran alteración psicológica que, en ocasiones, es más importante que la cutánea (o incluso desmedida). La afectación psicológica es especialmente importante en los más jóvenes, una edad difícil en si misma. En primer lugar por la inmadurez emocional, y después por la importancia que tiene la imagen corporal. Todo esto nos obliga a los dermatólogos a tratar no sólo lesiones físicas, sino a luchar contra los mitos que atemorizan a los pacientes, muchas veces difundidos y aumentados por la sociedad o por el boca a boca. En ocasiones, incluso es preciso recomendar la ayuda de un especialista.
Muchas veces, los pacientes quieren un tratamiento rápido y, si es posible, que al día siguiente ya no tengan lesiones. Desafortunadamente esto no es posible y tenemos que concienciar a la persona para que asuma que cada tratamiento tiene su duración y que los efectos tardan un tiempo en aparecer. Esto es fundamental, ya que es absolutamente necesario que exista confianza mutua entre el dermatólogo y el paciente.
Los dermatólogos, además del tratamiento médico, daremos los consejos que necesite cada persona en cada momento.