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Dr. Ricardo Bernáldez Millán
Médico Especialista en Otorrinolaringología
N° de colegiado 31371

Como LlegarLicenciado en Medicina y Cirugía en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid (1982)
Médico Especialista en Otorrinolaringología, en el Hospital Universitario La Paz de Madrid (1986-1989)
Título de Doctor en Medicina y Cirugía, con Sobresaliente cum laude por la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid (1999)
Médico Adjunto de ORL en el Hospital Universitario La Paz, desde 1990, y como médico especialista en ORL, desde 2005
Colaborador docente en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid, en la asignatura de Otorrinolaringología

La Otorrinolaringología comprende el conjunto de conocimientos teórico-prácticos necesarios para el diagnóstico y patologías que tratan de las enfermedades del oído, nariz y laringe.

¿Cómo funciona el oído?

El sonido, que es una onda de presión, viaja por el aire hasta llegar a nuestro pabellón auditivo u oreja, donde es recogido y dirigido hacia el conducto auditivo externo, ambas estructuras forman lo que se conoce como oído externo, de aquí, las ondas sonoras se dirigen al oído medio, donde mediante la vibración de la membrana timpánica y la cadena de huesecillos transmiten el sonido como un sistema mecánico de palancas, hasta llegar al oído interno o caracol, donde las vibraciones se transmiten a través de los líquidos contenidos en su interior, estimulando una serie de células ciliadas que son las que convierten el estímulo mecánico en estímulo eléctrico que transportado por el nervio auditivo, llegan al cerebro donde son interpretados, produciéndose así la sensación sonora.

La oreja, no juega prácticamente ningún papel en la audición en la especie humana, sin embargo si que juega un papel muy relevante, de amplificación y localización de sonidos en otras especies de animales, como el perro o el murciélago.

Los tapones de cera y las otitis de las piscinas, pueden producir una pérdida de audición, al ocluir el conducto auditivo externo. También podemos encontrar sorderas por lesiones del oído medio como perforaciones de la membrana timpánica, luxaciones de la cadena de huesecillos tras un accidente, procesos infecciosos agudos o crónicos etc… Cuando se afecta alguno de estos dos eslabones del proceso de la audición, la hipoacusia (sordera) que producen se denomina de conducción o transmisión.

Las infecciones por algunos virus como el sarampión o la rubéola en las últimas fases del embarazo o en los primeros años de vida, las alteraciones hereditarias en el desarrollo del oído y las enfermedades de la circulación sanguínea pueden producir, entre otras causas, una lesión del oído interno o del nervio auditivo dando lugar a una sordera que se conoce con el nombre de hipoacusia neurosensorial o de percepción.

¿Para qué sirve la nariz?

La nariz está formada por un esqueleto osteo-cartilaginoso de sostén, recubierto en su cara externa por músculos y piel; por dentro de este esqueleto en forma de pirámide, nos encontramos con el septum nasal o tabique, que es una lámina de cartílago en su parte anterior y de hueso en la posterior que divide el interior de la nariz en dos, dando lugar a las fosas nasales, éstas se encuentran recubiertas en su interior por el elemento funcional por excelencia, que es la mucosa nasal, en las caras laterales de ambas fosas aparecen unas estructuras alargadas denominadas cornetes, que están formados por tejido esponjoso con una gran irrigación sanguínea y recubiertos por mucosa nasal.

Hoy en día la nariz es considerada por muchos como una simple estructura anatómica que proporciona ciertos matices estéticos a nuestra cara. Sin embargo los deportistas, enólogos y gourmets entre otros conocen la verdadera esencia de las dos principales funciones de la nariz, la respiratoria y la olfatoria.

La respiración nasal es la fisiológica, y aunque la boca puede suplir a la nariz, no es ni mucho menos tan efectiva, sobretodo en el esfuerzo.

Entre las funciones básicas de la nariz encontramos:

Función respiratoria El aire respirado por la nariz es un aire que gracias a la misma llega a los pulmones sin impurezas, ya que gracias a las vibrisas (pelos) del vestíbulo nasal, a la capa de moco que tenemos sobre las células de nuestra mucosa y el transporte de l mismo por los cilios (pelillos) de las células de nuestra mucosa nasal, las partículas suspendidas en el aire quedan pegadas a la capa de moco y posteriormente transportadas a la parte posterior de nariz (rinofaringe), donde son deglutidas. Pero la nariz no sólo limpia este aire, sino que también lo acondiciona calentándolo casi a la temperatura corporal y saturándolo de agua (humidificándolo) para que pueda realizarse correctamente el intercambio de gases a nivel de los pulmones.

Función olfatoria en el techo de la nariz se encuentra la mucosa olfatoria o pituitaria amarilla, que es el órgano de la olfación. La percepción de los olores se produce fundamentalmente en la fase espiratoria de la respiración estimulándose las células denominadas odorirreceptoras que son células nerviosas que conectan con el bulbo olfatorio y de éste parten las señales hacia el cerebro.

Función inmunológica o de defensa el moco de la secreción nasal evita la adhesión de virus y bacterias al epitelio nasal, además esta secreción contiene inmunoglobulinas IgA e IgG ( proteínas de defensa o anticuerpos), de manera que la mucosa nasal es la primera barrera defensiva frente a la entrada de microorganismos en nuestras vías aéreas.

Cavidad de resonancia aunque la nariz no interviene en la producción de la voz, si que actúa como cavidad de resonancia aportando diversos matices a la misma, de ahí que cuando nos resfriamos cambie sustancialmente nuestro timbre de voz, apareciendo lo que conocemos como voz gangosa o rinolalia.

La voz: ¿Qué la produce?

En la producción de la voz entran en juego tres sistemas o aparatos del organismo. En primer lugar el aparato respiratorio, responsable del aporte de la corriente de aire, la laringe que es el órgano en el que se produce la fonación (producción del sonido) y las cavidades orofaríngeas (faringe, boca, lengua y paladar) que por un lado actúan como caja de resonancia junto a la nariz y senos paranasales, modulando el sonido y por otro, mediante los movimientos de los músculos labiales, linguales, masticatorios y palatinos permiten la articulación de la palabra mediante la producción de fonemas (unidades elementales del lenguaje hablado).

En la laringe encontramos unas estructuras que se conocen como cuerdas vocales, las cuales están formadas por un músculo (tiroaritenoideo inferior), recubierto por una mucosa muy laxa. El paso de la corriente aérea produce una absorción de la mucosa hacia la línea media dando origen a unas ondulaciones en el borde libre, debido al mismo efecto físico que hace que se nos pegue la cortina de la ducha cuando la corriente de agua tiene una determinada fuerza (efecto Venturi).

Los contactos que se producen entre los bordes de las dos cuerdas vocales durante las ondulaciones, interrumpen la corriente aérea, constituyendo así el sonido. La intensidad del sonido depende de la fuerza con que se junten las dos cuerdas vocales y de la potencia de la corriente aérea. Que un sonido sea más agudo o más grave dependerá de la contracción de determinados músculos de la laringe que dará lugar a que la mucosa esté más flácida (sonidos graves) o más tensa (sonidos agudos). La intensidad de la voz con que hablamos habitualmente es de unos 40 decibelios (medida de intensidad de sonido), sin embargo las voces entrenadas pueden alcanzar una intensidad de 130 decibelios.

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