Unidad de Enfermedades de Transmisión Sexual - ETS
Hepatitis B
Definición
El término "hepatitis" se refiere a los síndromes o enfermedades que causan la inflamación del hígado, incluyendo la inflamación debido a virus o consumo crónico del alcohol. Los virus que causan la hepatitis incluyen la hepatitis A, B, C, E y el factor delta. Cada virus causa un síndrome diferente aunque todos comparten algunos síntomas y consecuencias.
La mayoría de las personas infectadas con la hepatitis B se deshacen del virus en un período de 6 meses. Un caso de infección corta se conoce como un caso "agudo" de hepatitis B.
Aproximadamente el 10 % de las personas infectadas con el virus de la hepatitis B desarrolla una infección crónica vitalicia. Las personas con infección crónica pueden presentar síntomas, pero muchos de estos pacientes nunca los desarrollan. A estos pacientes algunas veces se los denomina "portadores" y pueden propagar la enfermedad a otros. El hecho de tener hepatitis B crónica aumenta la posibilidad de que se presente daño hepático permanente, incluyendo cirrosis (cicatrización del hígado) y cáncer de hígado.
Causas, incidencia y factores de riesgo
La hepatitis B se transmite por vía sanguínea y otros fluidos corporales y la infección se puede presentar a través de:
- Contacto con sangre en escenarios de atención médica, lo cual pone en riesgo a médicos, enfermeras, odontólogos y otros miembros del personal médico
- Relaciones sexuales sin precaución con una persona infectada
- Transfusiones de sangre
- Compartir agujas cuando se hace uso de drogas
- Someterse a tatuajes o acupuntura con instrumentos contaminados
- En el momento de nacer, una madre infectada puede transmitirle el virus al bebé en el momento del parto o inmediatamente después de éste
Las personas que se encuentran en mayor riesgo, incluyendo personas que vivan con alguien que tenga hepatitis B y los trabajadores de la salud, deben recibir la vacuna contra la hepatitis B.
La hepatitis aguda toma de uno a seis meses desde el momento de la infección hasta que los síntomas aparecen. Los primeros síntomas pueden ser, entre otros, náuseas, vómitos, pérdida del apetito, fatiga, dolores musculares y articulatorios. Luego se presenta ictericia junto con orina oscura y heces blandas. Alrededor de un 1% de los pacientes infectados con hepatitis B muere debido al daño hepático en esta etapa temprana.
El riesgo de llegar a infectarse de manera crónica depende de la edad de la persona en el momento de la infección: más del 90% de los recién nacidos, alrededor del 50% de los niños y menos del 5% de los adultos infectados con hepatitis B desarrollan la hepatitis crónica.
La mayor parte del daño del virus de la hepatitis B es causado por la respuesta del cuerpo a la infección. La respuesta inmune del cuerpo contra las células hepáticas infectadas (hepatocitos) daña las células, provocando la inflamación del hígado (hepatitis). Como resultado de esto, las enzimas hepáticas (transaminasas) se filtran del hígado a la sangre, haciendo que se eleven los niveles sanguíneos de éstas. El virus deteriora la capacidad del hígado para producir el factor de coagulación protrombina, aumentado el tiempo que requiere la sangre para coagularse (tiempo de protrombina).
El daño hepático también deteriora la capacidad del cuerpo para eliminar la bilirrubina (un producto de la degradación de los glóbulos rojos viejos), causando ictericia (coloración amarillenta de los ojos y el cuerpo) y orina oscura.
Síntomas
- Fatiga, malestar general, dolor articular y fiebre baja
- Náuseas, vómitos, pérdida del apetito y dolor abdominal
- Ictericia y orina oscura debido al aumento de la bilirrubina
Signos y exámenes
- Antígeno de superficie de la hepatitis B (HBsAg): representa el primer marcador viral presente en las pruebas de sangre después de que el paciente ha sido infectado y generalmente desaparece de la sangre en uno a dos meses.
- Anticuerpo central de la hepatitis B (Anti-HBc): generalmente se detecta dentro de una a dos semanas después de la aparición del antígeno de superficie de la hepatitis B.
- Anticuerpo de superficie de la hepatitis B (anti-HBs): se encuentra tanto en las personas que han sido vacunadas como en aquellas que se han recuperado de una infección de hepatitis.
- Tanto el antígeno de superficie como el anticuerpo central de la hepatitis B persisten en forma indefinida en la sangre de los pacientes que se han recuperado de este tipo de hepatitis.
- Los niveles de las enzimas hepáticas (transaminasa) en la sangre pueden estar elevados debido al daño hepático.
- Los niveles de albúmina pueden estar bajos y el tiempo de protrombina puede ser prolongado debido a un trastorno hepático severo.
Tratamiento
La hepatitis aguda no necesita un tratamiento diferente al monitoreo cuidadoso de la función hepática, midiendo las transaminasas séricas y el tiempo de protrombina.
Sólo en casos muy raros de insuficiencia hepática, se debe monitorear al paciente en una unidad de cuidados intensivos. Debido a que el daño al hígado disminuye la capacidad de este órgano para degradar las proteínas, se debe restringir la ingesta de éstas por parte del paciente.
Así mismo, se debe administrar lactulosa, metronidazol o neomicina para limitar la producción de proteínas por parte de las bacterias que se encuentran en el intestino. A los pacientes se los debe monitorear hasta que se recuperen o hasta que parezca necesario un trasplante de hígado, que es la única y definitiva forma de curación en caso de insuficiencia hepática.
El tratamiento para la hepatitis crónica se orienta hacia la reducción de la inflamación, síntomas e infección. Las opciones de tratamiento abarcan el interferón (administrado en inyección) al igual que lamivudina, entecavir y adefovir dipivoxil (administrados en forma oral). El transplante de hígado se utiliza para tratar la enfermedad hepática por hepatitis B crónica en estado terminal.
Grupos de apoyo
Para buscar información y recursos adicionales, ver grupo de apoyo para la enfermedad hepática.
Expectativas (pronóstico)
La enfermedad aguda generalmente se resuelve después de 2 ó 3 semanas y el hígado vuelve a la normalidad en un período de 16 semanas. Algunas personas infectadas pueden desarrollar hepatitis crónica. Existe una mayor incidencia de carcinoma hepatocelular en aquellos que han tenido infección por el virus de hepatitis B que en la población general. La hepatitis B es mortal en aproximadamente un 1% de los casos de hepatitis B aguda.
Complicaciones
- Hepatitis crónica
- Cirrosis
- Carcinoma hepatocelular
Situaciones que requieren asistencia médica
Se debe buscar asistencia médica si se desarrollan síntomas de hepatitis B, si los síntomas de la hepatitis B no se resuelven en 2 ó 3 semanas, si se desarrollan nuevos síntomas o si se es parte de un grupo de alto riesgo para hepatitis B y todavía no ha sido vacunado contra la enfermedad. Se debe recordar que la vacunación es segura y no presenta efectos adversos.
Prevención
El tamizaje de toda la sangre donada ha reducido la probabilidad de contraer hepatitis B en una transfusión de sangre. Como parte del tamizaje inicial, a los donantes de sangre ahora se les pide llenar un cuestionario acerca de sus actividades sexuales y el consumo de drogas y no se utiliza la sangre de aquellos grupos de personas que se encuentran en alto riesgo. Además, se utilizan pruebas serológicas para examinar la sangre recolectada para el virus de la hepatitis B.
La notificación obligatoria de esta enfermedad permite a los trabajadores de la salud del estado hacer un seguimiento a las personas que han estado expuestas y vacunar a los contactos que aún no han desarrollado la enfermedad. Anteriormente, la vacuna contra la hepatitis B se elaboraba a partir de productos sanguíneos humanos, por lo cual no era bien recibida por el público; mientras que la nueva vacuna contra la hepatitis B es completamente artificial, sin ningún producto humano y, por lo tanto, no puede transmitir el virus de la hepatitis B ni el virus del SIDA. Esta vacuna no sólo es segura sino efectiva y se requiere administrar tres dosis dentro de un período de seis meses para lograr la inmunidad total. La vacunación de los bebés se ha vuelto rutinaria en los cuidados pediátricos en los Estados Unidos.
Se debe evitar el contacto sexual con una persona que padezca hepatitis B crónica o aguda. El uso sistemático y apropiado de condones también puede reducir la transmisión a través del contacto sexual; sin embargo, la vacunación brinda la única y definitiva protección contra el virus. La vacunación de las personas que se encuentran en alto riesgo ha tenido sólo un éxito limitado; por lo tanto, el Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos (United States Public Health Service) ha recomendado la vacunación universal de todos los neonatos y adolescentes antes de la pubertad.
Los bebés nacidos de madres que en el momento tengan hepatitis B aguda o hayan tenido la infección reciben una serie de vacunas especiales para prevenir la transmisión viral. Esto incluye la administración de inmunoglobulina contra hepatitis B y vacunación contra la hepatitis B en las 12 horas posteriores al nacimiento.







